Una de bomberos y en pantuflas por Holanda

Interrumpimos la emisión viajera para contar una anécdota expatriada que no tiene desperdicio alguno. Esta es la historia de cómo un día cualquiera acabé con tres chaquetas, pantuflas, totalmente indocumentada, sin móvil ni dinero alguno en un hospital de Ámsterdam (sí, te lo estás imaginando bien… los holandeses nos miraban y pensaban estos tienen pinta de ser unos “sin techo”. ¡Y seguro que huían de la crisis en España!). No hay palabras.

bomberos-amstelveen

Una, que al parecer es de olfato muy desarrollado, arrugó la nariz un martes por la tarde y pensó… ¡aquí huele a pedo gas! y conservando la calma todo lo que se podía nos dispusimos a llamar a la compañía del gas. Y ¿qué esperar? como parece ser costumbre en estos casos las líneas estaban ocupadísimas y ante nuestra desesperación creciente por el olorcillo decidimos llamar al 112. Digo decidimos por que yo, haciendo alarde de mi disgusto por los teléfonos (ni con un palo los toco) se lo pasé al que me aguanta (casi) todos los días.

Bomberos en acción

En esas que después de llamar al 112 y que nos informaran que una patrulla de bomberos se dirigía al lugar del incidente (aka mi casa) me entraron las dudas….

– Oye, a ver si hemos movilizado a los bomberos para nada. Yo casi ya no huelo nada…
– Que no… que es su trabajo, hay que asegurarse.
– Pero, eso… ¿no estaremos exagerando?

Y bien que había que asegurarse, en un par de minutos se escuchaba la sirena de los bomberos, a todo trapo, acercarse de forma vertiginosa hacia nuestra casa al mismo ritmo que a mi se me subían los colores y no sabía ni donde meterme. Abrimos la puerta con cara de “angelitos” a los tres hombres uniformados que esperaban al otro lado del cristal.  Así es como continuó el suceso:

– Hola Buenas tardes. Nos han llamado. ¿Qué ha pasado?
– Pues eh…. uh…. hemos olido….

tirooooo riiiirooo tiiirooo riiiiroooo

(esto es un lamentable intento de reproducir la alarma del detector de monóxido que tenía uno de los bomberos en la mano. Luces intermitentes rojas, pitidos y ellos con cara de circunstancias)

-¡Fuera de la casa! Ahora mismo.

Se pusieron las máscaras anti-gas. Nos sacaron casi a empujones, nos dijeron que nos apartáramos como si tuviéramos la peste o estar en un radio de 2 metros del piso fuera ya de por si peligroso. Y allí estábamos los dos (con pantuflas la una, con chanclas y calcetines… ¡blancos! el otro. Sin chaqueta, sin dinero y sin móvil para inmortalizar el momento… Que lo juro, era de película). Los bomberos entraron, salieron, subieron escaleras, bajaron. Todo se convirtió en un frenesí de llamadas por el walkie y vecinos asomando la nariz por la puerta.

Nos preguntaron que cuanto tiempo llevábamos en casa. Nos dijeron que los niveles de monóxido de carbono estaban por las nubes. Hablábamos una mezcla de holandés, inglés y seguro que alguna que otra soltamos en español. Nos decían que eso era muy peligroso (aunque nosotros sólo habíamos olido un poco a gas) y que habían llamado a una ambulancia. ¡Horror! Nos estábamos convirtiendo en la atracción de todo el barrio.

detector en casa

Debidamente, decidimos darles un email que informaba de que las ventilaciones del edificio no estaban en su mejor momento y que podía ser que otros domicilios estuvieran afectados ¿El resultado? Los bomberos destrozaron dos puertas de vecinos que no estaban en su casa para poder entrar. Creo que después de esto los vecinos no podrían apreciarnos más… Nos miran y… ¡Ah! Si pudiera leerles el pensamiento… :-)

En el hospital, como de andar por casa

Con todo el jaleo que habíamos armado decidieron llevarnos en ambulancia (al hospital, que no al manicomio). Uno que yo me se enchufado al oxígeno (esto pasa por trabajar todo el día desde casa) y comprobando sus constantes vitales mientras el decía… nunca me he encontrado mejor, seguros que eso era monóxido no sería…

En el hospital hicieron algunas pruebas rutinarias par confirmar que, en efecto, estábamos bien. Sólo había un pequeño detalle que no habíamos tenido en cuenta… al sacarnos los bomberos de casa a toda prisa todavía andávamos con las pantuflas y sin chaqueta (corrección, muy amablemente uno de los bomberos intentó sacarnos chaquetas para que no pasáramos frío, solo que por alguna razón que no logro entender sacó sólo tres de las mías. No sé porqué será…

Al volver a casa (un taxista muy amable confió en que teníamos dinero en casa para pagarle) los vecinos nos contaron que los bomberos habían encontrado que el problema del monóxido se venía de la caldera de los vecinos de abajo. Respiramos. No éramos culpables. Ellos también estaban bien y nos acabábamos de convertirnos en una suerte de héroes del barrio. Nota mental, comprar e instalar detectores de humo y monóxido para el piso. Lo hicimos al día siguiente. Pensé que todo había acabado.

Cinco minutos de fama en Holanda

Pero nooooo… esa no era todo. Holanda sigue sorprendiéndome. ¿Donde más sino te llamarían del ayuntamiento para decirte que el alcalde… Sí sí, el alcalde en persona (el de Amstelveen que no el de Ámsterdam) quería visitarme en casa para charlar del “incidente” y ver como estábamos? Quedé alucinada. ¿Sería una broma? Yo estaba en la oficina así que les pasé el teléfono de mi novio. Así que muy formal todo, recibió al alcalde que le preguntó por el incidente y por nuestros trabajos, que si nos habíamos ido a Holanda escapando de la crisis… (en fin, politiqueo vario, aunque al parecer no sabe que no votamos en las elecciones locales)

Y para mi sorpresa no sólo el alcalde nos había visitado sino que unas horas antes también habían estado en casa la televisión local!!! No todo el mundo puede decir que tiene un novio famoso en Amstelveen, ¿no? jajaja. Que me lo pusieron hasta subtitulado en holandés.

enlatele

Y si no me creíais… mirad qué contento estaba… :-)

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Acerca del autor

Periodista y blogger de viajes afincada en Barcelona. Me dedico al mundo de la gestión de contenidos y publicaciones Web. Soy apasionada de los viajes y la fotografía, y disfruto compartiendo mis aventuras viajeras en este blog.

8 comentarios

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  1. Juan Carlos dice:

    Hola Sonia,

    Leyendo el tema de las chip karts y demas no se como acabeé por aqui pero oye me has enganchao con la historia. Por cierto que ahora os reis pero en el momento las pasariais canutas, digo yo.
    Bueno voy a seguir tomando apuntes de tu blog y la verdad es que esta cojonudo! Muy ameno, intuitivo y con toque divertido.
    Groetjes
    Jc

    • Sonia dice:

      Hola Juan Carlos,

      La verdad que fue un mareo monumental y un poco de susto sí, pensar que podría haber pasado algo grave… pero hay que reirse de esas cosas cuando han pasado… :) Me alegra mucho que te guste el blog, de veras!!! :))

      Un saludo,
      Sonia

  2. Elena dice:

    Leí el post cuando lo publicaste pero no había tenido tiempo de comentar, me reí un montón. Es una de esas cosas tan surrealistas, hasta con la tele por medio, jeje!

  3. Marta A. dice:

    Jajajajajajajajajajajajaja!!!! Qué bueno Sonia xD xD
    Una pena que no haya fotos para ilustrar semejante momentazo :P
    ¡¡Los héroes del barrio!!

    • Sonia dice:

      jejeje. Siiiii, justo lo pensé cuando estaba fuera del piso pero claro no era plan de pedirle a los bomberos que me sacaran el móvil para tuitear unas imágenes al momento… XD

      Somos lo más entre el vecindario. ¡Ya nos conocen todos! jejejeje

      Un abrazo,
      Sonia.

  4. Rosa dice:

    Hola Sonia,
    Buenisimo, me he reido mucho!
    Un momento de gloria siempre sienta bien ;-)

    • Sonia dice:

      Gracias por el comentario Rosa! Me alegro que te hayas reido! :-) De eso se trata, de ver estas situaciones absurdas (aunque potencialmente peligrosas) como un momento del que reirse mucho y bien! :-)

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