Siempre nos quedará París

París. ¿Qué tendrá París que me hace volver y volver? Esta era la tercera vez que me escapaba de la mano de mi novio a la ciudad de la luz. Todavía recuerdo la primera vez que aterricé en París (bueno, en realidad fue en Beauvais). Antes de aterrizar, por la ventanilla del avión, vi la Torre Eiffel iluminada. Se me puso la piel de gallina.

La primera vez que viajas, aunque sea un viaje relámpago como era el mío, no se olvida. Todavía recuerdo ese trayecto en taxi por la noche parisina, los edificios iluminados, Notre-Dame. Y yo con un nudo en el estómago. Tanta belleza, tanta emoción, no podía ser real. Así que años más tarde me dije que tenía que regresar a París. Había dejado cuentas pendientes como lo de subir a la Torre Eiffel y me parecía una excusa perfecta para repetir. Volví a enamorarme de la ciudad.

Torre Eiffel

Así llegó la tercera escapada a París. Otra vez sentía la necesidad de pasear a orillas del Sena, buscar restaurantes escondidos en antiguas galerías. Admirar la silueta de París desde el Sacré Coeur y disfrutar con cada uno de los cuadros que se pintan en la plaza del Tartre. ¿Tendría París todo lo que esperaba? Al fin y al cabo estamos en noviembre de 2013. Tal vez la crisis ha marchitado muchas ciudades pero sin duda no podría ser el caso de París ¿o sí?

Dicen que en París llueve una media de 200 días al año. Debo considerarme afortunada porque de mis nueve días en la ciudad sólo recuerdo uno con lluvia. Siempre que estoy en París tengo la sensación que es una ciudad que anda a toda prisa. Me detengo a contemplar sus fachadas, entro en algún museo, me pierdo en sus callejones pero la vida sigue avanzando a toda prisa. Coches que corren y se paran en el tráfico, taxistas, peatones que llegan tarde a su cita. París es para mi una mujer elegante, vestida de negro, con sombrero calado, con guantes a juego.

Calle en París

Mis sensaciones estos días en París han sido contradictorias. Por una parte me he encontrado con esa ciudad que recordaba. Con sus museos, sus edificios, sus restaurantes, su gastronomía. Por otra parte he vivido más cerca que nunca su inseguridad. El primer día me robaron el móvil, ¡horror!, mientras paseaba a orillas de mi admirado Sena (y con poco decoro la verdad). Llovió. Disfruté de la compañía de una amiga que ya echaba de menos y de los dulces de París en xxxx.

El arte de París seguía brillando en todo su esplendor en el Musée d’Orsay y en la cúpula de las Galerías Lafayette (donde por cierto, descubrí que hay un mirador en su última planta. Muy recomendable) pero nos encontramos con multitudes de gente que aplastaban. En la magnífica Torre Eiffel no pude andar sin despegar mi mano del bolso. Había tantos turistas como maleantes y, por desgracia, ni un solo policía.

lafayette

En mis mejores recuerdos de París se mezclarán vivencias. De esta me quedo con el impresionismo y el magnífico interior en el Museo d’Orsay, el espíritu navideño en las galerías Lafayette (evitad un sábado por la tarde si no queréis ser engullidos por la marea humana que avanza al ritmo que pasan la tarjeta de crédito por caja), la opulencia de Versalles (del que seguro hablaré bien pronto), la gastronomía en Le Marais y otro paseo a orillas del Sena.

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Acerca del autor

Periodista y blogger de viajes afincada en Barcelona. Me dedico al mundo de la gestión de contenidos y publicaciones Web. Soy apasionada de los viajes y la fotografía, y disfruto compartiendo mis aventuras viajeras en este blog.

2 comentarios

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  1. Laura dice:

    ¡Qué mierda lo del móvil! Da mucha rabia cuando pasan cosas así, ya te quedas un poco chafada todo el viaje. Yo no recordaba París tan inseguro, claro que sólo estuve un fin de semana y acostumbrada a Barcelona donde tienes que ir agarrada a todo supongo que ya iba preparada inconscientemente :) Al menos se ve que lo disfrutaste, la ciudad es preciosa.

    • Sonia dice:

      La verdad que es una mierda y yo tal vez la he visto más insegura por lo de llevar tantos años en Holanda… creo que me estoy volviendo medio guiri (mis amigos ya me han avisado un par de veces en Barcelona…) pero ahora ya me pongo las pilas y ando agarrada al bolso como nadie! :)

      Un abrazo!
      Sonia.

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