Santa Pau, perdida en La Garrotxa

Santa Pau, paz… No podría tener un nombre más adecuado este pequeño municipio de apenas 1.500 habitantes en la zona volcánica de La Garrotxa. No diré lo eligiera por haberlo visto en las guías de viaje ni porque la belleza de una postal me atrajera hacia este rincón de la geografía catalana. Nuestro encuentro fue mucho más casual. Buscaba alojamiento rural en la zona y encontré en Can Salgueda, una opción económica. El resto es historia.

Santa-Pau

Pisé Santa Pau un miércoles por la tarde, de una semana cualquiera, en un mes de mayo frío y lluvioso. Nadie (o casi nadie) debía haber elegido este lugar como su destino de vacaciones pero me sorprendió todavía más que las pocas personas con las que nos cruzáramos en el camino fueran viajeros internacionales.

En Santa Pau te olvidas del tráfico, del ruido de sirenas, de la música del vecino, cambias el asfalto por la piedra, los edificios altos por colinas volcánicas, cambias la ciudad por un paisaje tan verde que no te extraña para nada que ahora mismo la lluvia que se cuele por las grietas que se abren en sus calles centenarias.

Santa-Pau-calle

El elemento más destacado de Santa Pau, y lo primero que vi de ella cuando tecleé su nombre en un buscador fue la bonita plaza porticada (lástima que para mis fotos no obligaran a los vecinos a desalojar la plaza de coches), es un lugar único. Santa Pau también cuenta con un castillo del siglo XIII-XIV, una iglesia, varios miradores, y por supuesto, los famosos fesols (frijoles) de Santa Pau

Nosotros, diría que con costumbres prestadas de nuestros vecinos de Holanda, empezamos a buscar un restaurante para cenar a eso de las ocho de la tarde… Según recomendación de Trip Advisor quisimos probar suerte en tres que estaban el mismo pueblo así que echamos a andar (bajo la lluvia) buscando un buen lugar. Todos estaban cerrados,  preguntamos en un bar donde nos repitieron de carrerilla los mismos nombres que ya habíamos encontrado. Pero están cerrados (dije yo). Muy temprano, (contestaron al unísono). ¿Temprano? Tal vez.

Santa-Pau-rincon

Esa noche, cenamos en Can Rafelic un delicioso menú de la casa, con fesols, butifarra y  pastel de queso para mí, ensalada, carrilleras de cerdo y mel y mató para él. Muy recomendable. Además, ese miércoles lluvioso del mes de mayo, el dueño parecía haber abierto las puertas sólo para nosotros. Cenamos en un restaurante para dos y pagamos tan solo unos 20 euros (impresionante).

Santa-Pau2

Probamos otro restaurante durante la estancia en Santa Pau que creo que merece la pena mencionar, era el restaurante de Cal Sastre que se jacta de haber permanecido en el negocio más de cien años y de haber alimentado los paladares de futbolistas y presentadores de televisión. Su menú degustación que empieza con cinco platos de la zona, fue seguido por un tiernísimo plato de ternera y un dulce para redondear la noche. Recomendable sí, más caro, también. Pagamos unos 30 euros por cabeza (nada descabellado).

Santa-Pau-paisaje

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Acerca del autor

Periodista y blogger de viajes afincada en Barcelona. Me dedico al mundo de la gestión de contenidos y publicaciones Web. Soy apasionada de los viajes y la fotografía, y disfruto compartiendo mis aventuras viajeras en este blog.

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