¡Pero qué dulce es París!

París es para mi sinónimo de buena a comida. Es empezar a planificar una escapada a París y automáticamente estar pensando lo que voy a pedir en los restaurantes, que si carne a la brasa acompañada con un exquisito gratin de patatas, crêpes con chocolate fundido, fondues, raclettes… y empiezo a salivar.

Y es así. Pensar en París me abre el apetito. En una ciudad como París puedes dejarte perder por casi cualquier calle y encontrarás un buen restaurante, un lugar donde comer a gusto. Es un lujo del que pueden presumir pocas ciudades. De las tres veces que he estado en París siempre he salido con el recuerdo de, al menos, un excelente restaurante.

macarons

La primera vez fue un pequeño restaurante gourmand. Lo encontramos de casualidad en una antigua galería cerca del Louvre, decorado con velas y tapicería carmesí. Fue un amor a primera vista, aunque de eso ya hace casi una década. Fue un pequeño restaurante en la galería Véro-Dodat al que no he vuelto. Tal vez por miedo a que la realidad empañe mi buen recuerdo de él. La segunda vez, mi mejor recuerdo gastronómico se lo lleva un local atestado de gente donde te preparabas una raclette en la mesa, Le brasier des Ternes. Esta última vez han sido un par de restaurantes en el barrio de Le Marais (un barrio perfecto para dejarse caer a la hora de cenar) y, sin duda, las pastelerías de París.

En el mismo barrio de Le Marais encontré por casualidad una tienda donde vendían macarons de colores, tiras de naranja envuelta en cacao puro, bombones artesanales de todo tipo… un lujo y para la vista y el paladar, se trata de la tienda de Georges Larincol, muy recomendable para los que tengan buen gusto por los dulces.

chocolate

El otro toque dulce del viaje lo propuso una amiga que vive en París. Nos llevó a una pastelería que tenía pasteles y tentaciones variadas que parecían sacadas de un cuento de hadas… que daba hasta pena comérselos.

Situada al lado del museo de la cera, el Musée Grevin, la pastelería La Tour des Délices era un bullicio de gente entrar y salir. De hecho, tuvimos que esperar un buen rato hasta que se librara una de las mesas del local. Además de tener deliciosos tés y dulces, las pastelería está situada dentro de una acogedora galería parisina. De esas que por un rato hacen que viajes atrás en el tiempo. Parecía que el reloj se hubiera parado durante varios años en esa pequeña pastelería, donde la clientela sonreía y su dueña repartía dulzura. Un entinto de lugar.

dulces y merienda en París

La carta de té en La Tour des Délices está al nivel de sus pasteles, tes aromáticos, con frutas, exóticos, infusiones variadas y por supuesto también cafés. Los pasteles… mhm… difíciles de definir. ¡Hay que probarlos!

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Acerca del autor

Periodista y blogger de viajes afincada en Barcelona. Me dedico al mundo de la gestión de contenidos y publicaciones Web. Soy apasionada de los viajes y la fotografía, y disfruto compartiendo mis aventuras viajeras en este blog.

2 comentarios

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  1. Edu y Eri dice:

    ¡Se nos hace la boca agua con estas fotazos! :) A nosotros también nos entra hambre solo con escuchar hablar de París :P

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