Londres y yo: química imperfecta

Londres es una ciudad con la que empiezo a tener una relación y creo que se está forjando de una forma un tanto desestructurada. Me explico, Londres es una ciudad que siempre me ha apetecido conocer pero que por una razón u otra se había quedado siempre en el tintero (bien fuera por tiempo, precios, etc.). Desde que vivo en Holanda y tengo la capital inglesa a menos de una hora de vuelo, esa sensación de TENER (sí, casi como una obligación moral) que conocerla se había ido intensificando… Y apremiaba más cuando elegía mis vacaciones al otro lado del globo y seguía sin conocer a esta ciudad vecina. Al final, la vida me llevó a volar media docena de veces con destino Heathrow antes de poder poner mis pies en Londres capital. Así, Londres y yo cruzamos miradas a menudo aunque sin cruzar una palabra.

Covent Garden

La primera vez que cogí la mano a Londres fue una noche de diciembre. Con compañeros del trabajo fuimos a cenar a un restaurante de la cadena Belgo (por cierto, nada del otro mundo) cerca de Covent Garden y seguimos disfrutando de la noche londinense tomando pintas de cerveza inglesa en un par de pubs abarrotados de londinenses que, con trajes de oficina, quemaban las últimas horas de la noche. Me sorprendió esa faceta tan social de Londres. Aquel día, apenas robé un par de miradas a un Covent Garden adormecido, unas calles frías aunque relucientes y expectantes por la inminente llegada de la Navidad. Y así me quedé, con ganas de entablar una relación, aunque pasajera, con esta ciudad.

La segunda vez que pisé las calles de Londres fue en otra reunión de trabajo, esta vez en el colorido barrio del Soho. En esta ocasión no tendríamos mucho tiempo para seguir conociéndonos, mi viaje era de un solo día. A la vuelta, de camino al aeropuerto, sin embargo Londres arremetió contra mí, o por mí, quien sabe.

El tráfico era denso y el taxista, en un intento frustrado de encontrar una ruta menos saturada de conductores desesperados, acabó por llevarme por todas las calles del Soho… Una hora más tarde, y sin la posibilidad de salir de Londres sobre ruedas, el taxista me dejó en la estación de Picadilly Circus. En ese momento, un sudor frío me recorrió la espalda. En una hora (60 minutos en un taxi) habíamos avanzado apenas la distancia que separa una parada de metro de la otra. Me quedaba poco más de una hora para la salida del vuelo (yo que soy de las que llegan al aeropuerto hora y media antes). Hice el cálculo: si esa misma mañana el metro desde el aeropuerto de Heathrow al centro de Londres había tardado una hora… Llegaría al aeropuerto… unos diez minutos después de que despegue mi vuelo ¡Genial! (léase con ironía)

Sobrevolando Londres

Mi indignación era palpable y mi cara, en ese vagón de metro atestado de gente, todo un poema. Esta vez, Londres se había pasado con su jugarreta. Yo también quería conocerla mejor, pero no a costa de perder mi vuelo… El pánico se apoderaba de mí, ¿cómo haría para volver a casa? ¿Tendría que comprar otro billete? ¿Y si no quedaban vuelos, pasar la noche en el aeropuerto?

No sé exactamente qué pasó, diría que Londres se apiadó de mí, porque al final el metro llegó en una media hora al aeropuerto. Nada más abrirse las puertas del vagón me deslicé por ellas tan rápido como me permitían las piernas y empezó mi carrera por las escaleras mecánicas, el control de pasaporte, el de seguridad y hasta la puerta de embarque, a la que llegué justo a tiempo para subir al avión ¡Fiu!

Había llegado el momento de planificar una cita con Londres con todas las de la ley. Nada de jornadas de trabajo interminables. Serían tres días para las dos. Eso nos daría la oportunidad de romper el hielo y empezar a conocernos mejor. Esa escapada tuvo como resultado mis 60 horas en Londres, en las que al fin paseé por las calles de esta ciudad sin prisa, rebusqué en sus mercados y hasta tuve la oportunidad de visitar algún museo. Durante esa escapada conocí la Londres más turística, sus principales monumentos y sus rincones más entrañables pero viví Londres más de día que de noche.

Portobello Road, LondonY como no podía ser, en esta relación que tenemos de estira y afloja, volví otra vez a caer en las redes de Londres. Fue el trabajo quien me llevó de nuevo al corazón del Soho para que conociera la mirada nocturna de esta ciudad. Después de unas cervezas y una cena a base de tapas japonesas en el mismo Soho (el restaurante en cuestión se llama Bincho y emula las izakayas de Japón, ofreciendo yakitori, ensaladas, arroces, etc.) me dejé seducir por sus encantos bohemios y acabé la noche a ritmo de pandereta y recitando (a gallo limpio) los versos que aparecían en el televisor de un karaoke de estilo japonés. Y para que no caiga en el olvido la curiosa relación que estoy forjando con esta ciudad brindé a la salud de Londres y la gente que la va vivido, con una copa de buen champan francés.

harrods

(Seguramente) Continuará…

Ayúdame a difundir... Tweet about this on TwitterShare on Facebook0Share on Google+1Pin on Pinterest0Share on LinkedIn0Email this to someone

Tags: ,

Acerca del autor

Periodista y blogger de viajes afincada en Barcelona. Me dedico al mundo de la gestión de contenidos y publicaciones Web. Soy apasionada de los viajes y la fotografía, y disfruto compartiendo mis aventuras viajeras en este blog.

10 comentarios

Trackback  •  RSS de comentarios

  1. Inés dice:

    Yo también tengo a Londres en el tintero a pesar de haber hecho escalas en sus aeropuertos y haber pasado noches intentando dormir a la espera de algún vuelo en el frío suelo de Stansted.
    Cuando tenía 16 años estuve once días en Londres con mis padres y mi hermano, curiosamente no nos llovió ni un día. Visitamos todos los lugares turísticos pero obviamente no la vi de noche. Sé que tengo que volver y además me apetece, pero de alguna manera sé que está ahí y no tengo prisa por conocer la ciudad. Lo mismo me pasó con Marruecos y Andorra, que mira que están cerca pero hasta hace un par de años no las conocía… y eso habiendo viajado a lugares bien lejanos. A ver si algo o alguien me da el empujón para viajar a Londres, pero de verdad :)

    • Sonia dice:

      Hola Inés,

      Gracias por pasarte por el blog. La verdad es que sí que pasa, que hay algunos destinos que por estar “cerca” los dejamos en segundo plano, pensando que ya habrá tiempo mientras planeamos viajes al otro lado del mundo… Pero a veces estos destinos son los que más sorprenden. Yo ya conozo Heathrow como el rellano de mi casa, de tanto ir y venir de Londres pero también me queda pendiente dedicarle más ratos a las calles de Londres, a sus museos, a sus mercados… tengo ganas de repetir como viajera curiosa más que trabajadora… :-)

      Un saludo,
      Sonia.

  2. Judithtiral dice:

    Oi, me he puesto tanto en tu piel con lo del avión, yo lo pasé terriblemente mal cuando perdí el avión de vuelta de Budapest a Bruselas.
    Pasé todo el día en el aeropuerto y casi me vuelvo Aramís Fuster (loca).

    PD: También me ha pasado de llegar justo en el momento en el que cerraban la puerta, y le di un beso a la azafata jajajajajajajajajaja!!

    • Sonia dice:

      jajajaj, que bueno Judith! Te imagino plantándole un beso a la azafata y ella con cara de… ¡esto no pasa todos los días! ¿qué mosca le habrá picado? jeje. Yo la verdad es que cuando llegué y vi que estaba a tiempo de subir al avión, respiré tranquila… Nunca he perdido un vuelo pero una vez de Girona a Dublín me llamaron varias veces por megafonía… ¡ups! ;-)

      Un saludo,
      Sonia.

      • Judithtiral dice:

        ¿Por megafonía? ¿Por qué? Jajajajaja!!
        A mí me pasó eso en un supermercado belga que quería cerrar y yo me había perdido por los pasillos (les había suplicado que me dejaran entrar cuando ya cerraban); mi amigo les tuvo que dar mi nombre y casi me meo de la risa al escuchar cómo lo pronunciaban “xshushit tigado” y yo “¿soy yo, señor? esa señal es para mí?”

      • Sonia dice:

        Pues lo que me pasó es que era la requeteúltima en llegar al avión… imagíname, todos los pasajeros sentados y mirándome con cara de malas pulgas…
        Qué bueno lo del súper… me ha recordado algo más del día en cuestión del avión… me llamaron por megafonía (hasta aquí bien porque era en Girona y sabían pronunciar mi nombre) y con todo el estrés que me dió llegué corriendo al avión cuando hacían ya el recuento de gente y me senté rapidísima en mi asiento… así como… aquí no se ha notado nada, ¿y estas miradas asesinas? naaaa, no son para mi. Total, que no le dije nada al personal de cabina y (al parecer) no se dieron cuenta de mi llegada… tanto es así que yo ya pensaba no ser la última cuando empezaron a preguntar si el pasajero xxxx estaba en el avión (no me atrevo a transcribir lo que escuché porque en nada, pero nada, se parecía a mi nombre) Yo yo, pues anda, no era la última. Bueno, ya te puedes imaginar que cuando dieron el número del billete y lo miré (hasta allí llegaron) era yo!!! ¡Qué verguenza! jajjaja

  3. Yo viví una (muy miserable) temporada en Londres pensando que aquello sería un concierto de Blur o una peli de los Monty Python y volví a casa muy enfurruñada. Años más tarde volví por trabajo y OH, QUÉ CIUDAD. No recuerdo bien si nos reconciliamos paseando por Notting Hill o probándome vestidos encima de la ropa en uno de sus muchos mercados callejeros, pero fue épico. Ah, y la vuelta también incluyó una maratón a la puerta de embarque con el portátil cargado a lo sobaquero y las botas en la mano (culpa de mi jefa, que yo también soy una ansias aeropuertísticamente hablando y me gusta llegar con tiempo).
    Espero tu “continuará” :))))

    Un beso, vecina!

    • Sonia dice:

      Hola Sandra,

      Me alegro que te reconciliaras con Londres… a mi me pareció una ciudad fascinante. No se si me gustaría vivir en ella pero sin duda quiero volver, volver y volver… :D

      Te puedo imaginar corriendo (igualita que yo) en el aeropuerto. Yo, además, estaba sola y ya me veía en plan dramático pasando la noche en un banco del aeropuerto… jajaja.

      Un besazo!
      Sonia.

  4. Elena dice:

    Espero que continue… ;) Vas conociendo Londres a fragmentos pero está bien porque de una manera o de otra siempre vuelves, es como si fueses completando un puzzle, jeje.
    Qué nervios lo del avión, yo me hubiera vuelto histérica!

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top