Korčula, la isla robacorazones

Mi viaje a la costa croata este verano fue relativamente improvisado, sin planear mucho de antemano, aunque no albergaba dudas de que quería pasar la mayor parte del tiempo en las islas. No por casualidad llaman a Croacia el ‘país de las mil islas’. De esas supuestas “mil” tenía en mente una muy concreta: Korčula (pronúnciese Córchula). Mi hermano la descubrió el verano pasado y me había hablado maravillas de ella así que pensé que sería el perfecto “refugio del guerrero” tras el arduo invierno holandés. La llegada a Korčula desde Split se hace en un atestado ferry con parada previa en la Ibiza croata, Hvar, donde se bajaron todos los veinteañeros dispuestos a entregarse sin perdón a la vida loca. Pero nosotros íbamos en busca de básicos; tranquilidad, buena comida y naturaleza.

Isla de Korčula

Al desembarcar, la primera impresión es la gran similitud del casco antiguo de Korčula con el de  Dubrovnik, pero siendo el primero más acogedor e íntimo… ¡y con bastantes menos turistas! Pasear por sus calles es como retrotraerse al medievo con su recinto amurallado, sus casas de estilo veneciano y sus estrechas calles empedradas en forma de espina de pez. Este peculiar trazado de calles permiten la libre circulación del aire pero a su vez también protege a la ciudad de los fríos vientos del Norte. Korčula respira historia y tradición por todos sus poros e invita al visitante a apretar por un momento el “pause” mental mientras se contempla la enorme riqueza de su patrimonio cultural y la belleza de su naturaleza.

Se cree que Marco Polo nació en Korčula y aunque no está históricamente demostrado, los lugareños están absolutamente convencidos de que así es y lo han convertido en su hombre ilustre. El apellido Polo es aún frecuente en la isla y la que se presume fue la casa natal del viajero por excelencia ha sido reconvertida en un museo atrapa-turistas.Korčula es además la isla más arbolada del archipiélago dálmata central, rebosante de viñedos y olivos. Más de la mitad de su superficie es bosque y es un auténtico placer pasear por sus pinares escuchando el ensordecedor canto de las cigarras como música de fondo. ¡Bendita paz!

El mar que baña Korčula

Alquilar una bicicleta también es una buena opción para recorrer la isla y visitar por ejemplo Lumbarda, un encantador pueblo pesquero a 5 kilómetros de Korčula. Degustar pescado o marisco fresco en alguna de sus tabernas a orillas del mar y regar la comida con el vino blanco del lugar, el impronunciable Grk, es un lujazo muy asequible.

Sin embargo, uno de los lugares mas agradables que visité durante mi estancia fue la antigua residencia del pintor Maximilijan Vanka (1889-1963), el Maximilijan Garden. Este restaurante-lounge que aún alberga pinturas originales de Vanka ofrece unas magníficas vistas sobre Korčula. Cocktail en mano y música chill de fondo, el tiempo parece detenerse. El escenario es sobrecogedor. No es de extrañar que este lugar sirviese de inspiración al artista, de hecho, hasta nosotros cogimos los lápices e intentamos eternizamos el momento.

Korčula y el Mediterráneo

La transparencia y el azul turquesa de sus aguas merecen un capítulo aparte. Desde la superficie se divisan peces de colores y erizos de mar que se encuentran varios metros más abajo y el agua es tan clara que los barquitos parecen literalmente flotar sobre ella. La única desventaja (o ventaja, según como se mire) es la escasez de playas de arena en la isla. Casi todas son rocosas, por ello las famosas cangrejeras son imprescindibles para andar por las rocas y no resbalarse pero a cambio puedes asegurarte una estancia tranquila sin griterío infantil alrededor.

Durante el tiempo que estuve en Korčula no pude evitar sentir algún que otro déjà vu, tenía la extraña sensación de haber estado aquí antes y en realidad así era. Korčula es como nuestro mediterráneo hace tres o cuatro décadas, antes de que la fiebre constructora lo arrasase todo a su paso. Deseo con vehemencia que los croatas sean más listos y sepan apreciar que tienen mucho más que ganar si conservan este paraíso natural intacto.

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Acerca del autor

Periodista con alma de nómada. Procuro mudarme de ciudad cada lustro y siento nostalgia de sitios en los que aún no he estado. Me apasiona viajar, explorar y vivir nuevas experiencias. Si hay una palabra que me define es ésta: movimiento.

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