Impresiones de Canadá

Toma aire. Respira. Ya acabó otra larga jornada laboral en la oficina de turno. Vuelve. Vuelve a sentir la libertad del viaje, de explorar nuevos caminos…

Y ahí estoy. De regreso. Otra vez en Canadá. En todo su esplendor. Las llaman Mil islas, algunas no son más que un pedazo de tierra, otras, auténticas joyas arquitectónicas que surgen del río san Lorenzo. Los ríos y los lagos aquí toman dimensiones colosales, son pequeños mares con sus playas y veraneantes, sus parasoles, canoas, sus tardes de resaca bajo el sol abrasador.

Toronto con niebla

Toronto con niebla

De nuevo la veo caminando por Toronto y se me agranda el corazón, alzo la vista y me mareo admirando la verticalidad de esta ciudad. Las avenidas, las plazas, edificios, y los reflejos de rascacielos me recuerdan a una Nueva York pequeñita. Un lago se abre paso, como si de un mar se tratara, y en la sonrisa de sus gentes se refleja un ritmo de vida agradable y multicultural donde casi todo tiene cabida.

Parto rápido, al amanecer, para dejarme llevar por la corriente. Pasear por Huntsville es como dar un paso atrás en el tiempo y revivir la historia de Canadá. Su muelle me sabe a verano, su parques, sus canoas, sus bosques me conquistan. El silbido de un tren de vapor me despierta de la ensoñación. Hay peligro de alce en la carretera, jarabe de arce en cada tienda.

Lago en Muskoka, Canadá

Lago en Muskoka, Canadá

Imagino, perdida en el verdor del paisaje, cómo serán esos parajes nevados, enfundando patines de hielo o esquís de fondo. Casi puedo ver en esa estampa la silueta de un divertido señor panzudo, enfundado en traje rojo carmesí. Me deleito recordando el intenso sonrojo de los arces que decidieron dar una tímida bienvenida al otoño.

Arce anunciando el otoño

Arce anunciando el otoño

Me siento atrapada por la vida en Ottawa, los aromas de fruta fresca en ByWard market se mezclan con los sabores de los restaurantes de la zona. El anochecer nos recibe con un juego de luces, y de un abrir y cerrar de ojos me encuentro paseando por el casco amurallado del vieux Quebec. Subo y bajo por sus calles empinadas hasta llegar orillas del río san Lorenzo.

Quebec

Quebec

Ahora los recuerdos revolotean y se aceleran, imparables hacia su destino, hasta caer al vacío en un magnífico espectáculo, en un estallido de vida, igual que lo hiciera ante mi retina el río Niágara al convertirse en las famosas cataratas del Niágara.

Cataratas del Niágara

Cataratas del Niágara

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Acerca del autor

Periodista y blogger de viajes afincada en Barcelona. Me dedico al mundo de la gestión de contenidos y publicaciones Web. Soy apasionada de los viajes y la fotografía, y disfruto compartiendo mis aventuras viajeras en este blog.

2 comentarios

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  1. Me encantó el Este de Canadá cuando lo conocí hace unos años, Montreal, Ottawa, Toronto…son ciudades con tanta personalidad que casi parecen europeas.

    Este verano he vuelto a Canadá…esta vez al Oeste….¡y me ha conquistado para siempre! Quiero vivir allí!!

    Un abrazo y enhorabuena por el blog.

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