Cataratas del Niágara

Todo empieza con un murmullo que se acrecienta hasta convertirse en un estruendo ensordecedor, el del agua precipitándose al vacío.

En las cataratas del Niágara podrás ver varias cascadas: las conocidas como horseshoe falls, o cataratas canadienses, y las cataratas americanas. El 90% del agua del río Niagara se precipita por las cataratas canadienses y desde este lado de la frontera tendrás la mejor vista de este espectáculo natural. Mi recomendación, si estás del lado americano, es que no dudes en cruzar la frontera.

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Con una altura de 74 metros, las del Niágara no son las cataratas más altas de América (has de Montmercy en Qyebec ya las superan) pero si las más caudalosas.

Visitar Niágara Falls

Una vez en la ciudad de Niágara Falls puedes dejar tu coche en el parking público donde, por el mismo precio de aparcar, te darán un librito con información sobre el parque. Tienes, como es norma en América, infinitas posibilidades de entretenimiento.

Nosotros elegimos subir al barco que navega el río hasta los pies de las cataratas. Para sentirlas un poco más de cerca.

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Así, ataviados con un chubasquero rojo nos adentramos en la niebla mágica que desprenden las cataratas del Niágara, escuchamos su rugir de cerca y nos empapamos en su furia. Hay barcos tanto en el lado canadiense, el hornblower, como en el americano, con su Maid of the Mist.

Pero si tienes sed de aventura también puedes comprar el pase combinado para visitar la parte trasera de la catarata, sobrevolar la zona en helicóptero, lanzarte en tirolina y mucho más…

Puedes visitar las cataratas del Niágara como parte de una excursión de un día desde Toronto (a unas 2,5 horas de coche) o bien pasar la noche allí y aprovechar todavía más la visita. Hay numerosos hoteles en la ciudad de Niágara Falls, en el lado canadiense y una buena oferta de entretenimiento.

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De hecho al lado de esta maravilla natural han creado una especie de parque temático que recuerda a Las Vegas. Hoteles, tiendas, restaurantes, casinos y entretenimiento para toda la familia. Un sinfín de luces colores y cartón piedra que rivaliza y desmerece, en cierta manera, la belleza de Niágara.

Para aquellos que, como yo, sientan cierta urticaria al ver lo que han construido en este punto del Niágara, pueden tomar la carretera y pasar su noche en Niagara on the Lake, una ciudad, por lo que he podido leer, con mucho más encanto. Además, toda esta región está plagada de pequeñas bodegas familiares. Una excusa perfecta para descubrir los vinos de Niágara.

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Acerca del autor

Periodista y blogger de viajes afincada en Barcelona. Me dedico al mundo de la gestión de contenidos y publicaciones Web. Soy apasionada de los viajes y la fotografía, y disfruto compartiendo mis aventuras viajeras en este blog.

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