Begur, un sueño de piratas y marineros con olor a sal

A veces tiene una que alejarse lo suficiente de su tierra para poder descubrirla bien. Eso me pasó a mi. Hicieron falta cinco años viviendo en otro país para que la vuelta me devolviera las ganas de explorar Barcelona y Catalunya, de conocer todos esos rincones que todavía eran incógnitas en el camino.  Así fue como llegué a Begur.

Iglesia en Begur

Begur es un municipio del litoral catalán que en realidad no está bañado por el las aguas del Mediterráneo. De hecho, el centro del pueblo está situado a unos cuatro kilómetros del mar, lo justo para que las masas de turistas se olviden de él y podamos disfrutarlo sin empujones ni pisotones de hombres-gamba (una nueva espécie que acabo de patentar). Las vistas de la Costa Brava son increíbles desde lo alto de sus colinas pero si quieres darte un chapuzón tendrás que subirte a una bici, moto o coche, o en su defecto, usar el servicio de autobuses que ponen en del ayuntamiento de Begur (en funcionamiento entre junio y septiembre) para acercarte a una de sus calas. Eso sí, las playas y calitas que rodean Begur son de esas donde echarías el ancla (si no fuera por el precio astronómico de las viviendas) y te quedarías a vivir una buena temporadita…

Era una tarde de junio cuando recorríamos el camino serpenteante hacia Sa Tuna, tal vez una de las calas más bonitas de la Costa Brava. El sol todavía brillaba en el horizonte pero no con la intensidad con que lo hace en hora punta. Lo podía ver trazando líneas entre mis dedos, calentaba pero no quemaba. LLegar a Sa Tuna fue como una bocanada de aire fresco. Tranquilidad, verano, niños en bicicleta. Me enamoré de ese rincón del Mediterráneo a primera vista. Y como yo seguro que tantos antes y después.

barca en Sa Tuna

barcas-sa-tuna

Unas pocas barcas de pescadores descansaban sobre las piedras de la cala y los últimos bañistas se daban un chapuzón en las aguas tranquilas y claras de Sa Tuna. Me quedé absorta de toda realidad mirando como un par de niños, que no alzaban cuatro palmos del suelo, pasaban el rato sentados frente al mar, contemplándo el horizonte. Yo creo que hay lugares que invitan a vivir tranquilo, sin prisas ni agenda, y este es uno de ellos. Ni se percataron de la ráfaga de fotos que les sacé de espalda. Ello seguían a lo suyo, disfrutando del día, la playa y el mar. Me pregunté si se acordarían de este momento en una década, cuando ya no fueran niños, ¿atesorarían el recuerdo? O tal vez habría quedado difuminado en las muchas tardes pasadas a orillas del mar en Sa Tuna… nunca lo sabré. Pero en realidad no importa más que el ahora, ¿no es eso verdad?

Sa Tuna

La siguiente parada en nuestro camino era el pueblo de Begur. Tuvimos que dejar atrás Sa Tuna, un poco a mi pesar. Pero había llegado el momento de seguir camino y conocer uno de los pueblos más bonitos de la Costa Brava. Una localidad de apenas 4000 habitantes en invierno, que se convierte en un hervidero en el que llegan a convivir 40.000 personas durante el punto álgido del verano. En junio, probablemente había algunas menos aunque era innegable su ambiente festivo, de verano, distendido. Echamos a andar por sus calles angostas, de piedra, con mil historias, tiendas, bares y restaurantes. Dejamos que los pasos nos llevaran hasta lo alto del castillo para disfrutar plenamente de las vistas del Mediterráneo.

Plaza en Begur

Centro histórico de Begur

Situado en el Baix Empordà, Begur es un pueblo con mucha historia. Esto se ve y se respira en sus calles. Paseando por el casco histórico, subiendo hacia el castillo, de origen medieval, contemplando el atardecer y las maravillosas vistas desde la parte más alta de Begur. Cierras los ojos, dejas que el viento te susurre en el oído y escuchas historias de piratas, comerciantes y marineros.  Trazas un recorrido por una costa que en otros tiempos debía de ser casi vírgen, sales a navegar, contemplas el azul del mar, ese azul intenso y cálido que sólo has visto en el Mediterráneo. Luchas por seguir allí aunque la risa de un niño te arranque al fin de tu ensoñación.

Begur es esto, un lugar donde dejarse ir, donde soñar que el tiempo se detuvo, donde disfrutar de la gastronomía local, las terracitas al sol, las calles empedradas y las vistas al mar. Además se pueden recorrer varios tramos del camino de ronda cerca de Begur, tramos que unen sus playas y desfilan frente al mar.

El sol en Begur

Castillo de Begur

Cómo llegar a Begur

Los trenes no llegan a Begur así que la forma más sencilla de alcanzar esta orilla del Mediterráneo es hacerlo en coche. Desde Barcelona tomando la Autopista Ap7 tienes que desviarte en la salida 9, dirección Palamós y seguir las indicaciones hasta Begur. Si dependes del trasnporte [úblico la compañía de autocares Sarfa ofrece rutas desde Girona, Barcelona o Palafurgell.

Iglesia en Begur

vista-begur

Vista de Sa Tuna

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Acerca del autor

Periodista y blogger de viajes afincada en Barcelona. Me dedico al mundo de la gestión de contenidos y publicaciones Web. Soy apasionada de los viajes y la fotografía, y disfruto compartiendo mis aventuras viajeras en este blog.

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